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Descubre el pasado mesoamericano/ Discover Ancient Mesoamerica

22 Apr '15

Xantiles y señores: una forma de representación de los dioses prehispánicos en la región de Tehuacán, Puebla

Arqueólogo Mauricio Gálvez Rosales
Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA)

Introducción

Una de las características de cada pueblo es la forma de interpretar su pasado histórico, en la que se distingue su particular concepción del mundo y la interpretación que le dan a los elementos naturales que los rodean, mismos que son incorporados a su cultura material; dentro de estas diferencias sobresalen las referentes a las cuestiones religiosas, es decir, la mitificación y adoración de cuerpos celestes, entre los que destacan el Sol, la Luna, la propia Tierra, los planetas cercanos a ésta como Venus y Marte, además de otros elementos naturales como el mar, el agua, el fuego, el aire, las montañas y las cuevas. Éstos y otros fenómenos naturales son por los que regían parte de su vida las sociedades del pasado que cohabitan directamente con su medio ambiente.

Las sociedades que se desarrollaron en lo que se ha denominado Mesoamérica no fueron una excepción a lo arriba expuesto, y materializaron su concepción del universo a través de una infinidad de rasgos, por los que incluso se les reconoce y diferencia o asocia.

En este trabajo expondremos y analizaremos desde diferentes enfoques la presencia de unas manifestaciones religiosas prehispánicas dentro de la región de Tehuacán en el estado de Puebla, una porción del noroeste de Oaxaca y el centro de Veracruz, que consisten en esculturas o figuras humanas de barro con atributos personales que las caracterizan e identifican como dioses, llamadas xantiles. Estas representaciones religiosas no se pueden desligar de su entorno natural y se les relaciona con la flora y la fauna de las que dependen tanto para alimentarse, habitar y vestir, como elementos simbólicos.

Historia de los xantiles en la región de Tehuacán

La mención o referencia de xantiles en la región del Valle de Tehuacán se remota a los primeros años de la conquista española, cuando los cronistas religiosos comenzaron a referirse a estas esculturas, pero no las mencionan con tal nombre, sólo refieren que son figuras feas, horribles y obras del demonio a las que había que destruir a toda costa para que se impusiera la nueva y verdadera religión, la católica, según los frailes evangelizadores. Un ejemplo de las referencias del siglo XVI que mencionan el culto y dioses mesoamericanos es la siguiente: 

Estos principales ídolos con las insignias y ornamentos o vestidos de los demonios, escondieron los indios, unos so tierra, otros en cuevas (y) otros en los montes… (Benavente, 2003, pp. 297-298) 

De acuerdo con la obra de fray Toribio de Benavente, o Motolinía, pareciera que el fraile se adelantó en el tiempo al describir lo que observaba a mediados del siglo XVI; su cita expresa lo que actualmente suele ocurrir cuando se explora un sitio prehispánico: 

…porque si desde aquí a cien años cavasen en los patios de los templos de los ídolos antiguos, siempre hallarían ídolos, porque heran tantos los que hacían; porque acontecía que cuando un niño nacía hacían un ídolo y al año otro mayor, y a los cuatro años otro y como iba creciendo así iban haciendo ídolos, y de estos están los cimientos y las paredes llenos, y en los patios hay muchos de ellos…[1] (Ibidem

La anterior referencia posiblemente se basa en sucesos que acontecieron en la región del sureste de Puebla durante la primera mitad del siglo XVI, ya que Motolinía fue guardián en los conventos de Tepeaca, Tecamachalco y Tehuacán, donde recabó parte de los datos para su magna obra, la Historia de los indios de la Nueva España. Pero tenemos referencias concretas para la región de Tehuacán, ya que en la Relación de Cuzcatlán (hoy Coxcatlán, Puebla), pueblo localizado al sureste del primero, se menciona la abundancia de estas figuras y el culto que se le daba a los antiguos dioses mesoamericanos: 

… y con ellos una mujer llamada Cihuacoatl a quien ellos adoraban y reconocían por su diosa, de quien entendían valerse en sus tribulaciones y aflicciones, y en sus batallas, suertes y casos buenos, la cual diosa era sobre los demás ídolos q(ue) tenían y los cuales no van especificados por ser tantos, sin número, porque sobre un caso, por peq(ue)ño que fuese, alzaban un dios y le ponían el nombre que querían… (Relación de Cuzcatlán del año de 1580; en Acuña, 1984, pp. 94-95) 

Pero tenemos además datos concretos de lo que aconteció en el convento de Tehuacán Viejo o Calcahualco hacia 1585 que refieren a estas esculturas o dioses: 

En el pueblo de Teoacan, lugar principal y particularmente dedicado a la cultura de los demonios en su antigüedad, había recogido mucha parte de los ídolos que eran adorados; Y estando este siervo de Dios (fray Juan de San Francisco) en aquel pueblo, ocupándose en la conversión y la doctrina de aquellos naturales, quiso hacer un solemne sacrificio a la divina Majestad, destruyendo y asolando aquella sucia caterva. Mandó llamar a todos los principales del pueblo y, juntos, les dijo que convenía mucho al servicio de Nuestro Señor se juntasen todos los indios de la comarca allí, en aquel pueblo para el día de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, porque tenía muchas cosas que les decir; y que ellos diesen orden para que esto se hiciese. Hiciéranlo así aquellos principales, como el siervo de Dios lo mandaba, y estando aquel día todos allí juntos, y habiéndoles predicado el engaño y ceguedad en que los demonios los habían puesto a ellos y a sus antepasados, haciéndoles adorar aquellas feas estatuas y ofrecer su propia sangre y de sus hijos, en ofensa y desacato del verdadero Dios, que crió los hombres a su imagen y semejanza, para que a El sólo sirviesen y adorasen sacrificios de alabanza. Acabado su sermón, luego allí delante de todos, mandó a los mozuelos fieles que tenía doctrinados en la fe, que quebrasen y desmemuzasen aquellos ídolos que él tenía para aquel efecto aparejados y puestos en orden. Los cuales lo hicieron así, sin dejar alguno entero, como les fue mandado. Y el mismo fray Joan en (sic) sus propias manos hizo pedazos el ídolo principal, diciendo aquelos versos del salmista /f.20/. Simulachra Salm. Gentium Argentum et Aurum: ¡Los ídolos de los gentiles 113 (4) no son más que plata y oro. Tienen ojos y no ven, orejas y no oyen! Y como llegase a la boca, se la quebraba, diciendo las mismas palabras del salmo: ¡Boca tienen y no hablan!; y así hacían de las manos y los pies, diciendo palabras del salmo, hasta que lo dejó tronco...[2] (Chauvet, 1947, pp. 72-73) 

Otro cronista refiere el culto que se daba a los dioses mesoamericanos y los lugares donde se realizaba esta adoración al mencionar que: 

… en todos los lugares que dedicaban para oratorios, tenían sus ídolos grandes y pequeños: y los tales lugares (como queda tocado) eran sin número, en los templos principales y no principales de los pueblos y barrios, y en sus patios, y en los lugares altos y eminentes, así como montes, cerros y cerrejones, y en los puertos… También tenían ídolos junto a las aguas, mayormente cerca de las fuentes… Y cerca de los grandes árboles hacían lo mismo, y en los bosques. Y delante de los ídolos trabajaban mucho de plantar cipreses y unas palmas silvestres que se crían mucho hacia las tierras calientes. (Mendieta, 1970, p. 87) 

Una referencia del siglo XVI menciona la forma de adorar a estos antiguos dioses mesoamericanos y el entorno que esto implicaba, tanto el espacio arquitectónico como los elementos e instrumentos asociados con el acto religioso; plantea lo siguiente: 

… tenían un brasero en medio de la sala, que no tenía más pieza y cercada de asientos que llaman iepales, que son de juncia y palma, muy pintados, y en medio, como a la cabecera, uno de estos asientos más altos con sus espaldar, y todo el suelo de la sala esterado con unas esteras hechas de lo mismo que los asientos, que allí llaman petates, y colgados por las paredes muchos ídolos; y algunos, los más, estaban muy adornados de flores hechos ramilletes que ellos llaman xuchiles, muy olorosas, que las hay en extremo de la misma tierra, que España no las tiene, que el olor de ellas es riquísimo y trasciende toda una calle. Y había indios que tenían devoción con un demonio particular, como los cristianos tenemos en los santos, y a éstos hablaban y pedían sus menesteres y los honraban y aun traían consigo sus retratos. Y entraban los indios en aquella sala de uno en uno, y hacían cada cual su acatamiento a su ídolo, y luego se sentaban por su orden, y desde allí a poco se levantaba,… (Suárez de Peralta, 1994, p. 112) 

De la forma de estas figuras y los lugares donde se idolatraban tenemos que: 

Hacen tres tipos de ídolos: unos pequeños para sus trojes, otros de copal (copalli, resina arbórea) y otros de masa de Tzoal (alegría), de la cual se hacía una figura de Huitzilopochtli que colocaban en los altares de los templos, que tenían en las cumbres de los cerros y, pasado un año, se comía repartido en bocados. (Ponce de León, 1973, p. 101) 

Otra referencia interesante de finales del siglo XVII es la que encontramos en la obra Luz y método de confesar idólatras, donde aparece también un testimonio sobre estas esculturas; su importancia radica en que el autor es originario de la región, concretamente de Quecholac, Puebla, y al ordenarse sacerdote, en ejercicio de su labor evangelizadora, escribe: 

No se hallan al presente templos y oratorios públicos de ídolos y falsos dioses, a quienes, como en la gentilidad, adoren y reverencien y ofrezcan sacrificios; no obstante, en lo secreto, y a escondidas, y en partes muy retiradas, solas y apartadas de poblados, se hallan particulares sitios y lugares señalados, a donde persuadidos del demonio y no olvidados de lo que sus antepasados, como infieles y gentiles y sin luz evangélica hacían gentílicamente, ciegamente idolatrando, ahora no pocos de los indios plebeyos tienen ídolos y los colocan y ponen en altares como dioses, y los inciensan y ofrecen sacrificios… dándole veneración en los ídolos que son sus malditas hechuras y abominables figuras. (Villavicencio y Jaimes, 2002, pp. 7-8) 

En virtud de lo anterior y apoyados en las recientes investigaciones sobre la región de Tehuacán, así como en las evidencias arqueológicas e históricas, proponemos a manera de hipótesis que el nombre de Tehuacán tiene una connotación regional dentro del ámbito náhuatl, y el significado correcto sería, como lo infiere Juan de Torquemada en la segunda década del siglo XVII, ‘Lugar de los que tienen dioses o ídolos’. Algo parecido ocurre con el nombre de Teotitlán del Camino, donde teo es ‘dios’, ti es una partícula posesiva y tlán es ‘lugar’; ‘Lugar de dios’. Esto se reforzaría arqueológicamente con la gran cantidad de figuras de barro o piedra que abundan en la región, principalmente en la parte del valle donde están ubicadas estas poblaciones y otras de la misma filiación étnica[3], aunque al parecer también existieron esculturas en madera, básicamente de miquimite o colorín y de mezquite (Según informe del señor Jacinto Robles Cruz, originario de San Lorenzo Teotipilco, poblado donde recuperaron ídolos o xantiles de barro en la última década del siglo XX), además de su posible manufactura con otros materiales perecederos[4]

Estas esculturas regionalmente se conocen como xantiles o shantiles, palabra que puede ser una deformación o adulteración de "gentil", nombre genérico con el que se denominó a toda la población humana anterior a la llegada de los españoles. Fueron elaboradas el sureste de Puebla, noroeste de Oaxaca y una pequeña porción del centro de Veracruz; esto dentro de un área geográfica-cultural mayor que hoy se denomina Mesoamérica. 

En 1940 Eduardo Noguera, según informes que recabó en la población de Calipan, nos dice que xantil significa ‘cara arenosa’ con base en el material de su manufactura. Pero su nombre también puede venir de la deformación de la palabra española “santo”, que en la iconografía náhuatl se convierte en xante o xantil; se refieren en sí a las mismas esculturas humanas de barro y piedra que abundan en el valle de Tehuacán. Esta información de llamar santos a los antiguos ídolos o dioses mesoamericanos la recabó Roberto Abell en la década de los setenta del siglo XX en el pueblo de San Juan Atzingo, donde, dice, persistía el culto a “los dioses antiguos”: 

Aunque los santos antiguos como hoy en día llaman a las supervivencias de deidades prehispánicas y los sacrificios de animales perduraban y se sigue practicando su culto en los cerros. (Abell, 1970, p. 20)[5] 

A idéntica interpretación han llegado los maestros Joaquín Galarza y Noemí Castillo, quienes aseguran que el nombre de xante o xantil procede de “santo” (comunicación personal); también se entendería con esta última explicación la persistencia y culto que se rinde a estas esculturas en la región, donde su tenencia implica abundancia y cuidado de los bienes de sus propietarios a modo de guardianes de las casas; además se les colocan monedas en la boca o en las manos para pedir riqueza, costumbre que persiste en la población de Pala, al este de Coxcatlán.[6] 

Otra persona que nos brindó información sobre el culto que actualmente se le da a las deidades prehispánicas es el maestro Celso A. Osorio Cabrera[7], quién mencionó que en Cacaloc, población localizada al poniente de Zoquitlán y al noreste de Coxcatlán dentro de la Sierra Negra, observó la forma en que una anciana tenía un altar en su tapanco: de un lado una imagen de la Virgen de Guadalupe y del otro una deidad prehispánica dual, sólo que no representaba la vida y la muerte, motivo tan repetido en el mundo mesoamericano, sino que media cara de la figura era de hombre y la otra mitad de mujer. También nos dijo que el nombre con el que se denomina a estas figuras prehispánicas es santos o xantiles; ambas representaciones religiosas estaban adornadas con papel y ramos de flores, y según el informante se les sahumó con copal según la antigua costumbre indígena (comunicación personal con el maestro Celso Osorio). 

Si bien el nombre que actualmente se le da a estas figuras es xantiles, esto es en el ámbito regional; también suelen llamárseles “santitos”, “ídolos”, “monos” o “muñecos”. En términos generales, la gente de la región no tiene un nombre específico para cada tipo de escultura, ya sean de barro, de piedra, madera o de otros materiales, y las llama por cualquiera de estos cinco nombres. Sin embargo, dentro del ámbito académico se ha hecho énfasis en que los xantiles son las figuras de barro huecas que suelen estar decoradas. 

Los xantiles: arqueología y desarrollo de su investigación en la región durante el siglo xx 

Uno de los primeros investigadores que se interesó por las figuras humanas llamadas hoy xantiles fue Eduardo Seler, quien en los primeros años del siglo XX publicó fotografías de varias de estas esculturas, procedentes de la población de Teotitlán del Camino, Oaxaca; al parecer, y si tomamos en cuenta sus referencias, las piezas obtenidas fueron compradas a coleccionistas o a personas de este pueblo. El investigador deduce que son representaciones de los dioses Xipe y Macui l-xochilt, o ‘5 Flor’ (Seler, 1904, citado en De la Cruz, 2001, pp. 27-40). Por otra parte, Seler publica en su obra Gesammelte Abhandlungen zur Amerikanischen Sprach–und Altertumskunde otras figuras de xantiles procedentes de Teotitlán del Camino y Tehuacán, en quienes identifica a los dioses Tlaloc, Xochipilli, Tezcatlipoca (Seler, 1960, pp. 320-322). 

Hacia 1914, don Antonio Peñafiel publicó tres xantiles al parecer procedentes de la población de Coxcatlán, Puebla, mismos que había comprado Ramón Mena a principio de este siglo (Peñafiel, 1914). 

Durante las excavaciones realizadas por Eduardo Noguera en el año de 1940 en la población de Calipan, cerca de Coxcatlán, el arqueólogo encontró fragmentos de xantiles, pero no comenta a qué elementos arquitectónicos se asociaban. Los objetos publicados proceden de la Joya de los Maestros, El Campanario, El Mogote, Calipan Viejo y Cueva del Ojo de Agua, parajes cercanos a Calipan; además menciona la presencia de estas esculturas en Coxcatlán Viejo o Sansuantzi (¿San Juan?); concluye que estas figuras son de manufactura reciente, posiblemente obra de los olmeca-xicalanca (Noguera, 1940, pp. 72,73 y 95). 

En 1961, José Luís Franco publicó un artículo titulado “Representaciones de la mariposa en Mesoamerica” en el cual reconstruye la decoración facial de efigies o xantiles; identifica al dios Xochipilli Macuilxóchitl, asociado con otros dioses como Xiuhtecuhtli Ixcozauhqui y Tonacatecuhtli (Franco, 1961, p. 216). 

Agustín Delgado, por su parte, visitó la región en el mismo año y publicó un artículo con los resultados de sus investigaciones en los alrededores del poblado de Calipan. En sus exploraciones de Cerro Colorado encontró restos de fragmentos de xantil localizados en superficie; en Cañada del Guayabo encontró un tiradero de restos de xantiles donde calculó en setenta las piezas destruidas y pudo identificar por medio de estos fragmentos al dios Tláloc; en el poblado de Pala al oriente de Coxcatlán observó tres xantiles, pero  la gente no las vende porque aún cree en la idea prehispánica de que sirven para cuidar las casas” (Delgado 1965, pp. 72-81). Además, en esta población, en Calipan y en Coxcatlán a las figuras completas, o sólo la cabeza, se les inserta una moneda en la boca; si sólo son la cabeza pero están completas, ésta se les pega con cera de Campeche en la palma de las manos y con esto se pide la abundancia. También se encontraron fragmentos de xantil al sureste de la población de San José Axusco[8] (Delgado, 1965, pp. 77-82). 

En 1965, John Paddock publicó tres xantiles procedentes de Teotitlán del Camino. Menciona que estas figuras son similares a las de Veracruz. Uno al parecer es la representación del dios de la lluvia, Tláloc, y otro procede de la Mixteca Alta (Paddock, 1965, p. 229). 

A finales de esta década, Richard MacNeish publicó una obra donde también se habla de los xantiles (MacNeish, 1970, p. 225). En los setenta, los trabajos en la región estuvieron a cargo de Edward Sisson y de Robert Drenan, mismos que reportan figuras humanas hechas en barro llamadas xantiles; en 1991-92 el primero publica The Gods of Coxcatlan, donde desarrolla su trabajo de excavación y refiere que encontró fragmentos y xantiles en los cuartos de Coxcatlán Viejo o Sansuanchi en Tlacuchcalco; durante los trabajos de excavación recuperó varios moldes para caras de xantiles y varios fragmentos de xantiles asociados a complejos habitacionales, también detectó la presencia de xantiles en Venta Salada frente a los montículos, asimismo encontró fragmentos de xantiles en el sitio de San José Tilapa asociados al piso de un cuarto. Cita que en la excavación de un abrigo de El Riego había restos de xantiles (MacNeish, 1970, p. 225). Sisson menciona que la “gente del Posclásico colocaba xantiles en los sitios abandonados” (Sisson, 1991-92, pp. 9-21). 

Durante las temporadas de campo de 1996 a 1998 se localizaron varios fragmentos de xantiles en contexto en el Proyecto Sur del Estado de Puebla-Área Central Popoloca, en la Zona Arqueológica de Tehuacán Viejo; estos fragmentos se encontraban sobre los pisos de los cuartos de las unidades habitacionales, o bajo los mismos, y al parecer fueron colocados en la última etapa de ocupación del sitio; por otra parte, a pesar de que se exploraron seis basamentos piramidales y tres altares centrales de las plazas, no se encontró ningún fragmento de estas figuras asociado a este tipo de estructuras[9] (Castillo, 1997-1999). 

Entre 1997 y 1998, el arqueólogo Sergio Suárez, el antropólogo físico Zaid Lagunas y el C. Aarón Cadena del Centro Regional INAH-Puebla mediante un salvamento arqueológico recuperaron veintitrés xantiles, algunos completos y de otros únicamente la cabeza o parte del cuerpo. Al parecer este hallazgo fue parte de una ofrenda que se relaciona con una estructura religiosa y una ceremonia colectiva, es decir, se construyó un espacio arquitectónico específico para preservar estos elementos para la posteridad. El hallazgo se dio en el poblado de San Lorenzo Teotipilco, al oeste de la ciudad de Tehuacán (Suárez y Martínez, 2001, p. 3). 

En el 2000, la maestra Carmen Aguilera, con base en una figurilla procedente de Tehuacán Viejo, presentó una interpretación de los xantiles. Ese mismo año la maestra Noemí Castillo Tejero desarrolló un artículo basada en una figura humana de sexo femenino; infiere que se trata de la diosa Xochiquetzal y la relaciona con la representación de la misma en los códices, principalmente las del Códice Borgia

Por otra parte, en el recorrido de superficie que realizó el Proyecto Sur del Estado de Puebla-Área Central Popoloca coordinado por la maestra Noemí Castillo Tejero durante los años 2001-2004 por todo el valle de Tehuacán, se reportaron xantiles en poblaciones como Santa Catarina Otzolotepec, San Antonio Cañada, San Esteban Necoxcalco, Ajalpan, San Sebastián Zinacatepec, San José Miahuatlán, San José Axuxco y San Pedro Chapulco. 

Existen xantiles completos tanto en el Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México como en el Museo Regional de Puebla, así como en el del Valle de Tehuacán. Los primeros están en la Sala Oaxaca; son dos figuras con yelmo de ave y otra de Tláloc, y proceden de Quiotepec, Oaxaca; los xantiles del Museo Regional de Puebla proceden del poblado de San Lorenzo Teotipilco y otros se rescataron del Cerro del Xantil al sur de Tehuacán, esto según comunicación personal de David Morales a la maestra Carmen Aguilera. (Aguilera, en prensa). 

Según Sergio Suárez, también se encontraron este tipo de figuras en la Zona Arqueológica de Cholula, sólo que son más rudimentarias. También el arqueólogo Miguel Pérez Negrete localizó una figurilla que parece ser un xantil, pero esta procede del Cerro de la Estrella en el Distrito Federal. Las figuras que este último reporta son iguales a los xantiles de la región popoloca, pero no tienen brazos ni piernas, solamente presentan el “cuerpo o botella” y la cabeza decorada (comunicación personal). Por último, en el libro Tesoros del Museo Nacional de Antropología e Historia se presenta un xantil que procede de la región centro de Veracruz (Solís, 1998). 

Características morfológicas de los xantiles 

Generalmente los xantiles son figuras huecas de barro y están formadas básicamente por dos partes: la cabeza y el cuerpo. La cabeza está elaborada con un arcilla fina que permite un buen acabado; son de molde, aplastadas, huecas y grandes en relación con el cuerpo (dos a uno). El cuerpo se modela en una arcilla más gruesa; son cilindros huecos que se abren un poco en la parte de abajo, lo cual les da una forma campaniforme, parecido a una botella de leche o de vino “Padre Kino” abierta hacia abajo, misma que es la base de la escultura; en la parte superior se adhiere la cabeza. Por otra parte, las manos y las piernas de estas figuras son modeladas y pegadas al botellón, pero en otras esculturas sólo son cilindros delgados sin intento de darles en general un detalle anatómico; sin embargo, si se observa la terminación de estos miembros, donde están perfectamente delineados los dedos de las manos e incluso en los pies, se pueden apreciar los cacles o huaraches. 

Algunos xantiles suelen ser más realistas ya que la proporción de la cabeza y el cuerpo es a escala, pero son los menos. En 1940, Eduardo Noguera hablaba sobre estas figuras: 

Unas toscas figuras de barro de una tonalidad amarillenta y desprovista de pulimento que representan en forma rudimentaria la figura humana. El cuerpo apenas esbozado o, mejor dicho, estilizado, se conforma de una forma semicilíndrica y es hueco… (Noguera, 1940, p. 72) 

En cuanto a sus dimensiones, generalmente miden entre treinta y cincuenta centímetros de altura, lo cual no implica que todas encajen en tal patrón, ya que suelen encontrarse más altas (hasta de setenta y cinco centímetros) o más pequeñas (de veinte centímetros). La cabeza de los personajes esta hecha en molde y las manos, pies y cuerpos son modelados; una de las características de estas figuras es que suelen estar sentadas con las extremidades inferiores flexionadas, los brazos son cortos y descansan sobre las rodillas; en el cuerpo suelen tener perforaciones laterales o frontales que posiblemente facilitaron su cocción y algunas tienen perforaciones en la parte superior de la cabeza, esto para ponerles adornos de papel o plumas; unas cuantas tienen bases de barro. 

Lo más importante en este tipo de esculturas son las cabezas de los personajes debido a que por medio de ellas se identifica a los dioses mesoamericanos y son las más detalladas en cuanto a rasgos y colores,[10] dentro de los cuales destacan el verde, amarillo, rojo, naranja, blanco y negro. Podemos observar personajes que en vez de nariz tienen una cresta o tocado de ave, elemento que los identifica con el dios Macuilxóchitl, quien, según la tradición e información recabada, es originario de esta región. Se identifican, además, penachos y tocados de gran variedad de formas, como rosetas, prolongaciones en forma de cuernos, coronas o yelmos. Los rostros son sumamente expresivos –incluso algunas figuras parecen estar riendo– y es común encontrar en estas esculturas orejeras, collares, ajarcas y otros atavíos que al parecer también fueron modelados y luego adheridos y pintados. 

Por otra parte, las anteojeras, bigotes y grandes colmillos en las figuras hacen que se identifiquen con el dios Tláloc; además observamos antifaces o representaciones simbólicas en las mejillas, otros llevan bezote o barba y en este caso llevan la boca entreabierta; también tienen pintura y adornos posteriores y en la parte superior de la cabeza algunos suelen tener un asa posiblemente para trasportarlas; el cuerpo, que es de forma de botella, las manos y los pies también suelen estar decorados, pero no con el detalle y refinamiento de la cabeza. Un gran porcentaje de los xantiles corresponde a figuras del sexo masculino, pero también tenemos figuras femeninas en las cuales se observan falda y senos que las diferencian de los primeros. 

Distribución espacial de los xantiles 

Curiosamente, si bien la gran mayoría de este tipo de esculturas conocidas y recuperadas en excavaciones controladas por proyectos arqueológicos proceden de la región donde confluyen los estados de Veracruz, Puebla y Oaxaca (durante el siglo XX), las primeras esculturas de este tipo fueron reportadas por M. Desiré Charnay en 1880 en la población de Frontera, Tabasco. El investigador comenta al respecto:

 Durante mi permanencia en frontera, me ocupo de reunir vasijas antiguas, y tengo tan buena suerte que encuentro toda una colección. Al decir que tengo buena suerte no quiero significar que los ídolos indios  escaseen en Tabasco más que en las otras provincias, pues se encuentran muchos en los bosques, pero por lo general los rompen; hasta hoy nadie se ha tomado la molestia de reunirlos, y el museo de México no posee un solo ejemplar de ellos.

Entre los que acabo de recoger hay piezas de varias figuras que se parecen más ó ménos a los ídolos de las tierras altas, con algunas diferencias de estilo que los hacen más semejantes a los ídolos de Palenque. Aquí damos la reproducción de los dos más hermosos y más completos. Al decir más hermosos, es una manera de espresarme, porque la tierra es tosca y las figuras tan informes que cualquiera diría que el que los fabricó se dedicó exclusivamente a reproducir lo feo y lo grotesco, pero feo y todo como son mis hallazgos, figurarán muy bien en el museo a que los destino. (Desiré Charnay, 1981, pp. 427-428)

 Es común encontrar estas figuras de barro –principalmente los fragmentos de las mismas– a nivel de superficie en los sitios arqueológicos de la región de Tehuacán y la porción noroeste de Oaxaca, o en cualquier trabajo de excavación que se realice al interior de los mismos. Suelen encontrarse frente o sobre los montículos; pocos se han encontrado durante la excavación y estos generalmente están asociados a unidades habitacionales. Posiblemente sea una de las características propias de la etnia popoloca, según la bibliografía recabada sobre la región y el trabajo de recorrido de superficie para registrar e investigar sitios arqueológicos en el área popoloca que realiza el proyecto a cargo de la maestra Noemí Castillo. Lo mismo se han encontrado xantiles en Tepexi el Viejo, que en Acatepec, Caltepec, San Lorenzo Teotipilco, el Riego, Cerro de Xantil, Tehuacán Viejo, San Diego Chalma, Cerro de La Campana al suroeste de Nicolás Bravo, Santa Catarina Otzolotepec, San Esteban Necoxcalco, San Sebastián Zinacatepec, Cerro Colorado de Tehuacán y de Ajalpan, Calipan Viejo, Joya de los Maestros y El Mogote al sur de Calipan, El Campanario al noroeste de Calipan, Calipan Viejo, Lomita Cocochera dentro de Calipan, Cozcatlán Viejo o Sansuanchi, Venta Salada, Cañada del Guayabo, San José Axusco, Tequexpalco, Pala, Cacaloc, Quiotepec y Teotitlán del Camino. Teresa Sepúlveda reporta que en San Juan Cuautla y Coyomeapan, ya dentro de la Sierra Negra, al sureste de Tehuacán, vio unos xantiles o esculturas en piedra de hombres sentados que la gente arrojaba al río Cuautla, afluente del Papaloapan (citada por Aguilera, 2000, p. 2).

 Falta información con respecto a la presencia de xantiles en poblaciones como Tepeaca, Acatzingo, Tecamachalco, Quecholac, Clalchicomula (hoy Ciudad Serdán), Tlacotepec, Tlacoyalco, Temalacayuca, Cuayucatepec, Tepanco, Tepetiopan, Teontepec, Nopala, Atexcal, Coyotepec, Otlantepec, Molcaxac, Ixcaquixtla, Zongolica, Tlaquilpan,  San Juan Tezhuacán, Tehuipango, Vicente Guerrero, Eloxochitlán, Tlacotepec de Porfirio Díaz, Alcomunga, Coyomeapan, Zoquitlán, y por último poblaciones dentro del estado de Oaxaca como Tecomovaca, Los Cues, Cuicatlán, Huajuapan, Huautla, Teposcoluta y Coixtlahuaca.

 Pero por otra parte, en terrenos de la Ex Hacienda de San Lucas Palmilla, jurisdicción de Tlacotepec de Juárez, existe un paraje denominado Tepoxantil[11]; tepo, ‘cobre’, y xantil, ‘santo’ o ‘ídolo’. Esto es: ‘Santos o ídolos de color cobre’. También se nos informó durante el 2004 la presencia de xantiles en la población de Huejonapan de Serdán, al sureste de Tepexi de Rodríguez.

 Temporalidad y grupo indígena productor de estas esculturas

 Los xantiles posiblemente fueron elaborados desde finales del periodo Clásico, aproximadamente entre el 800 y el 900 d. C.; cronológicamente correspondería a lo que se conoce como Epiclásico, en cuyo caso serían obrar de los grupos olmeca-xicalancas. Pero su manufactura avanza hacia el siglo XII y su proliferación coincide con la llegada de los nonoalcas a la región, ya que varios de los sitios donde se han encontrado estos dioses o xantiles coinciden con los lugares mencionados en la Historia tolteca-chichimeca (1947, pp. 70-74), lugares donde se afirma que se asentó este grupo étnico. En cuanto a los grupos indígenas que las realizaron, posiblemente sean los popolocas y los mixtecos sometidos a los nuevos conquistadores que arribaron a la región, mismos grupos étnicos que, según informes de los evangelizadores y los datos estadísticos de ambos estados, cohabitaron en el territorio referido hasta bien entrado el siglo XX. La elaboración de estas esculturas posiblemente se prolongó hasta mediados del siglo XIX, ya que en gran parte de la época colonial, básicamente durante los siglos XVI al XVIII, los frailes evangelizadores mencionaron la persistencia de las idolatrías entre los indígenas de las partes más remotas de la región.

 Dioses representados en los xantiles

 En general, estas esculturas son representaciones policromas de los dioses que veneraban nuestros antepasados antes de la llegada de los españoles a la región; entre los más representados en ellas encontramos a Xochiquétzal, (‘Flor preciosa’), Tlazoltéotl (‘Diosa de la tierra y de la carnalidad’), Chalchiuhtlicue (‘Diosa del agua’), Coatlicue (‘La de la falda de serpientes’), Quetzalcóatl (‘Serpiente emplumada’), Mixcóatl (‘Serpiente de nubes’), Macuilxóchitl o Xochipilli (‘Cinco flor’), Tezcatlipoca (‘Espejo humeante’), Xipe Tótec (‘Nuestro señor el desollado’) y Tláloc (‘Dios de la lluvia’). (Seler, 1960, pp. 320-322; Noguera, 1940, pp. 72-73; MacNeish, 1970, p. 275; Sisson, 1991-92, p. 22; 1997, p. 141; Aguilera, 2000, en prensa; Suárez y Martínez, 2001, pp. 1-8; Castillo Tejero, comunicación personal). Además, en estas esculturas posiblemente se tiene la representación de dioses locales y personajes de alto rango de su antigua sociedad. Actualmente la gente de la región llama xantiles o shantiles a todo tipo de escultura, ya sea de barro, piedra o madera. Y en general en la región de Tehuacán, y aún dentro de parte de los estados de Oaxaca y Veracruz, es común encontrar parajes o cerros con el calificativo de xantil o xantile, lo cual nos informa de la presencia o restos de este tipo de esculturas y, por lo mismo, de antiguos asentamientos prehispánicos.

 Conclusiones

 La presencia de estas figuras de barro en varias zonas arqueológicas del sureste de Puebla es una característica propia de los popolocas, como suyo es su idioma, su tipo físico, su arquitectura, sus asentamientos o poblaciones (ciudades-fortalezas), sus costumbres y su vestimenta; la presencia y origen de estas esculturas de barro o xantiles posiblemente marca la llegada de los nonoalcas a la región en el siglo XII d. C., ya que la distribución espacial-territorial de estas figuras concuerda con los lugares donde éstos se asentaron, y son mencionados en las fuentes históricas, básicamente los poblados registrados en la Historia tolteca-chichimeca. Pero la elaboración de estas figurillas posiblemente hay que remontarla hasta el Epiclásico, ya que estilísticamente comparten rasgos artísticos y simbólicos con las llamadas urnas mixtecas y con figurillas de la costa del Golfo de México.

 La presencia de los xantiles se ha reportado principalmente para tres ciudades: Tehuacán, Coxcatlán y Teotitlán del Camino, donde se unen los actuales estados de Puebla y Oaxaca, área que desde 1905 Eduardo Seler proponía como el lugar de origen de los códices del grupo Borgia, hipótesis con la cual están de acuerdo gran parte de los investigadores que estudian la región.

 Estas figuras representan dioses familiares que los macehuales idolatraban en sus casas, en sus milpas, en cuevas y cerros; las esculturas que se encontraban dentro o bajo de los pisos de sus antiguas casas seguramente fueros destruidas por los propios indígenas ante la presión de los frailes católicos durante la evangelización del siglo XVI. El culto perduró en la región durante toda la Colonia, así como la persecución y presión para que la gente destruyera las esculturas de sus antiguos dioses, por ello continuaron sus prácticas religiosas en los lugares mencionados. Hoy se encuentran allí gran cantidad de fragmentos o tiestos de cerámica, al grado que en algunos pueblos aislados este culto a los dioses prehispánicos persiste hasta nuestros días.

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[1] En las excavaciones arqueológicas realizadas por Edward B. Sisson al sur de Coxcatlán Viejo, o Sansuanchi, y en las exploraciones realizadas por la maestra Noemí Castillo en Tehuacán Viejo, se han encontrado estas esculturas dentro de las unidades habitacionales. En Tehuacán Viejo éstas se hallaron en las esquinas de los cuartos, generalmente bajo los pisos de estuco o apisonados, como si fueran escondidas precipitadamente en dicho espacio arquitectónico; posiblemente fue una acción realizada ante la presión que ejercían los frailes para imponer la religión católica y desterrar las antiguas practicas idolátricas, esto a principios del siglo XVI.

[2] La gran mayoría de estos xantiles se han registrado históricamente y arqueológicamente en los sitios prehispánicos de Tehuacán, Coxcatlán y Teotitlán del Camino, o en poblados pertenecientes a estos municipios. Por ello, el área de mayor concentración se encuentra en el Valle de Tehuacán y en la Cañada Oaxaqueña, lo cual no quiere decir que no se localicen en regiones cercanas como la Sierra de Zongolica en Veracruz, Sierra Negra de Puebla, la Mixteca Alta y la parte de Tepeaca, Tecamachalco-Quechola y Tlacotepec en Puebla.

[3] Si bien se reportan xantiles para el valle de Tehuacán y la Cañada Oxaqueña, esto se debe a que son las poblaciones de las cuales se tiene mayor información en el ámbito arqueológico; no obstante, falta definir el área total donde se manifestó esta tradición cultural.

[4] Fray Jerónimo de Mendieta menciona que los ídolos eran de piedra, de palo y de barro: otros se hacían de masa y de semillas amasadas. Además nos refiere características de sus adornos ya que menciona: “unos como figuras de obispos con sus mitras, y otros con un mortero en la cabeza… Unos tenían figuras de hombres varones, y otros de mujeres…” (Mendieta, 1971, p. 88).

[5] En 1900, Frederick Starr menciona que en Teotitlán del Camino “abundan las figuras y cabezas de cerámica frecuentemente pintadas de colores brillantes; y también son comunes las pequeñas cabezas y adornos de piedra verde” (Starr, 1995, p. 220). Cinco años después, don Nicolás León (1905) publicó en el El Mundo Ilustrado” su expedición a la región Popoloca, en el sur de Puebla, y narra que halló dos ídolos a los cuales los indios daban culto; alude a que este culto es el que tenían los popolocas prehispánicos por sus dioses (Citado por Andrade, 1912, p. 288).

[6] En la actualidad, a la festividad del día de muertos se le llama Xantolo, en la Huasteca, posiblemente remontándose este nombre a sus raíces prehispánicas.

[7] Supervisor escolar de la Zona 402 de Educación Indígena, que abarca la totalidad de la Sierra Negra y parte del Valle de Tehuacán, donde todavía se habla náhuatl.

[8] En la visita que realizamos en 2002 como parte del Proyecto Sur del Estado de Puebla-Área Central Popoloca, identificamos un sitio arqueológico al sureste del centro del pueblo de San José Axusco; en esta ocasión también observamos fragmentos de xantil en superficie.

[9] Los fragmentos de estos xantiles se analizaron en laboratorio y las  figuras se completaron para posteriormente mandarlas a la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH; al final se obtuvieron ocho figuras completas de estas esculturas, ya consolidadas y restauradas.

[10] Edward B. Sisson propone que los xantiles son efigies que se utilizaron en la época prehispánica como incensarios (Sisson, 1991-92, pp. 5-22), hipótesis  con la cual no estamos de acuerdo ya que los fragmentos de cerámica y  figuras completas de estos xantiles no presentan huellas de que en el pasado estuvieran expuestas al fuego, y tampoco parecen ser contenedores de copal o brasas; nosotros a manera de hipótesis proponemos que estas esculturas son los antiguos dioses mesoamericanos que se veneraban en las casas, palacios y templos, pero básicamente en las casas o unidades familiares; además, aún se sigue practicando esta actividad religiosa en algunos lugares remotos de la región de Tehuacán, donde ha persistido este culto idolátrico hasta nuestros días.

[11] El paraje mencionado perteneció en el pasado a un antiguo asentamiento prehispánico, cuyos restos hoy se localizan en su gran mayoría dentro de los terrenos ejidales de Santo Nombre, barrio o poblado que también pertenece a Tlacotepec.

Lugares donde se han encontrado figuras de xantil en la antigua provincia de Tehuacán, Puebla.

 

Los primeros ídolos o xantiles reportados proceden de Frontera, Tabasco.

Dibujo realizado por Desiré Charnay durante su viaje en 1881.

 

Mural de la escalera del palacio municipal de Tehuacán. Recreación de la destrucción de ídolos o xantiles en el sitio prehispánico de Tehuacán Viejo en 1540.

Desiderio Hernández, 1960. Detalle.

 

Xantiles procedentes de Teotitlán del Camino, Oaxaca.

Seler, 1905.

 

Cabeza de xantil o ídolo. Seler, 1905

 

Xantiles procedentes de Teotitlán del Camino, Oaxaca. Seler, 1905.

 

 

 

Ídolos o xantiles de Tehuacán, Puebla. Don Antonio Peñafiel, 1914.