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Descubre el pasado mesoamericano/ Discover Ancient Mesoamerica

24 Nov '15

El humo ancestral deambula entre los difuntos

Posted by FCAS .

                                                                                                     Por: Arqlgo. Francis Pimentel

Alrededor del mediodía, después de un sinuoso recorrido por los altibajos de Tenam Puente –sitio arqueológico maya famoso por sus tres juegos de pelota, ubicado en el territorio de las nueve estrellas, conformado por una increíble biodiversidad en la que se combinan elementos naturales tanto de los Altos Orientales como de la Depresión Central Chiapaneca– decidimos abandonar esta gélida zona maya y dirigirnos en busca de la calidez de las aguas termales que emanan del volcán Laja Tendida, región de Los Llanos, con la firme decisión de sumergirnos en las cristalinas aguas sulfurosas para encontrar alivio corporal, como si fuese el ika tojolabal, y retozar en dulce comunión como el Dios Rayo, las nubes y las ranas (Furbee-Losee, 1986). Estos "Baños de El Carmen" están ubicados en el municipio zoque de Acala, que significa ‘Lugar de canoas’.

Ya entrada la tarde, tomamos el camino serpenteante que conduce al pueblo de Totolapa, que en lengua indígena tsotsil –Totol apan– significa: ’Río de las aves’. Comuna enclavada en lo más alto del Valle Central de Chiapas, llegamos a este pueblito enigmático coronado por la nívea iglesia de San Dionisio, vestida de fiesta entre los días 7 y 9 de octubre.

A este mismo lugar acudían, siglos atrás, los zinacantecos –pueblo tsotsil de los Altos de Chiapas ubicado muy cerca de la ciudad real de San Cristóbal de las Casas– a comerciar el ámbar, con el cual se elaboraban bezotes, narigueras, orejeras y cuentas de collares (Lowe, 2001).

Cabe mencionar que el ámbar es una resina fósil del periodo Oligoceno-Mioceno, producto de árboles extintos de leguminosas Hymenaea mexicana sp. nov. (Poinar y Brown, 2002) y H. allendis sp. nov. (Calvillo et. al., 2010), que a través de la historia de la humanidad se ha utilizado con diferentes fines: objetos de arte, religiosos, esotéricos, médicos, mágicos o de belleza, ornato y estatus.

El ámbar, durante la época prehispánica, fue uno de los múltiples productos pagados por los pueblos de Chiapas y representado en la Matrícula de tributos (1938). Recibía en náhuatl el nombre de apozonalli; atl,‘agua’, y pozonállotl, ‘espuma’: ‘espuma de agua’ (Lowe, 2004). Se ha encontrado en algunas excavaciones arqueológicas.

Entre los artefactos encontrados en las excavaciones de Chiapa de Corzo, en el estado de Chiapas, Lee Jr. (l969) menciona varios pendientes, uno de ellos de ámbar, el cual mide 3.7 cm por 2.0 cm y l.l cm.

Igualmente en La Venta, Tabasco, han sido encontrados objetos de este material. Drucker (l943) y Stirling (l943) registran un pendiente de ámbar con forma de pera que mide aproximadamente 45 mm de longitud por l5 mm de diámetro; a este hallazgo se refiere también Gurría (l952).

El ámbar contiene una enorme riqueza fósil, es decir, contiene un altísimo valor paleontológico debido a las inclusiones de flora y fauna que encontramos atrapados dentro de esta resina; es como una cápsula del tiempo. En México sólo se encuentra en algunas montañas del estado de Chiapas (Pimentel, 2008).

Después de este breviario cultural del ámbar, continuamos con el viaje. Ya en Totolapa, buscamos la casita de nuestro amigo Manuel, único minero de esta resina, quien, junto con su familia, muy amablemente nos recibió con unos tamalitos de frijol tierno envueltos con hoja de maíz cocinados en el fogón de leña; cabe destacar que los pobladores de Totolapa se dedican básicamente a la agricultura de temporal.

Casi al anochecer, con suma devoción nos sugirió visitar la iglesia para solicitar permiso al altísimo por nuestra estancia temporal en estas tierras sagradas, por visitar el panteón comunal y permitirnos regresar con bien.

Al aproximarnos al panteón, notamos que los pobladores iban y venían sin cesar por la única calle principal con flores y velas en las manos. Familias completas se dirigían a este recinto con la finalidad de acompañar a sus seres queridos en su lecho final.

¡Qué maravilloso escenario! Cientos de velas encendidas, arcos de flores, murmullo de oraciones, humo ancestral; al poniente el sol caía en el horizonte tras las aguas cálidas del Pacífico, allá por el rumbo de Madre Sal, Playa del Sol, Puerto Arista y Boca del Cielo, matizando con colores pastel toda la escena al estilo Monet. Era como ver un cuadro impresionista lleno de sombras, luces y colores de Vincent van Gogh o Leonid Afremov.

Muy solemnes, nos internamos al interior del panteón, no sin antes saborear un rico y humeante atole de maíz amarillo criollo reventado. Se notaba algarabía, mezclada con el respeto simbólico; los niños jugaban con el fuego. Iba anocheciendo. Las luces de la parafina tomaban fuerza, una ligera brisa avivó la brasa de roble y el humo con aroma de copal y ámbar se hizo más intenso; sentimos que nos transportaba a otra dimensión.

Nos llamó la atención que la mayoría de las cruces eran burdas y toscas, elaboradas con arena tamizada del "río salado" mezclada con cierta caliza quemada, escoltadas por plantas de plátano y arcos con flores de cempasúchil, margarita, seda y alcatraz.

Destacaba, casi al final de la colina, muy cerca del borde del precipicio que ya era ocultado por las sombras del final del último día de octubre, una pequeña tumba, por demás muy especial.

Me permito describir y centrar mi atención en ella, con el debido respeto a los dolientes que en ese momento nos miraban inquisitoriamente. Al acercarnos se percibía un olor a palma recién cortada; efectivamente, habían construido un pequeño techo de palma tejida sobre una estructura de varillas de madera. Dos incensarios de barro manufacturados en el pueblo alfarero de Amatenango del Valle resguardaban la brasa que consumía el copal y el ambarcito rojo.

La pequeña tumba denotaba un recién construido montículo de tierra color chocolate. Sobre ella yacía una corona de flores color rosa del arbusto conocido localmente como “trinitaria”. Sobre este otero hicieron, a manera de techo curvo, una estructura con bejuco sobre la cual colocaron papel picado blanco, como queriendo brindar cobijo ante este mundo frío y oscuro que se aproximaba: la noche.

Una cruz formada en el suelo con pétalos de flores multicolores estaba rodeada de velas que el progenitor de la criatura recién ofrendada a la madre Tierra y entregada al Padre Eterno cuidaba para que no se apagaran, para que no dejaran de iluminar su tragedia.

Tras él, postrada en un banco de madera, se hallaba su joven esposa; la madre, quien, con sus hirsutos cabellos negros y humilde vestimenta, dejaba entrever sus cántaros llenos de savia que no alcanzaron a alimentar a su querida niña.

La mortecina luz de las velas iluminaba su rostro demacrado, sepulcral quizá; levantó su mirada inocente hacia nosotros, intensa y profundamente oscura, revelando el intenso dolor que desgarraba sus entrañas vacías, como si no alcanzara a comprender por qué ella, esa noche en víspera de Todos los Santos, estaba ahí, en ese panteón comunal y no en su lecho tibio con su retoño. Era algo atemporal; sus sentidos no hilaban su pena, su gran pena.

El humo de ámbar y copal llegó a nuestros ojos y juntos compartimos este inmenso dolor, aunque el posh curadito con hierbas mágicas deslizándose por la garganta nos hizo retornar a la fría realidad.

Bibliografía

 Calvillo-Cabadell, L. et al. (2010). Miocene Hymenaea flowers preserved in amber from Simojovel de Allende, Chiapas, Mexico. Review of Palaeobotany and Palynology, 160, mayo, 126-134.

Caso, A. (l969). El tesoro de Monte Albán.  Memorias. México: INAH.

 Matrícula de tributos o Códice Mendoza (1938). (3 vols.). Editado y traducido por James Cooper Clark. Londres: Waterlow and Sons.

 Drucker, P. (l943). La Venta, Tabasco, a Study of Olmec Ceramics and Art. Smithsonian Institution Bureau of American Ethnology Bulletin, l53, 72.

 Furbee-Losee, L. (1986). Un mito maya y el ika tojolabal. (Vol. IV). En Ruz, M. H. (Ed.). Los legítimos hombres, México: UNAM, IIF.

 Gurría, J. (l952). Monografías históricas sobre Tabasco. Tabasco: Gobierno del Estado de Tabasco.

 Lee Jr., T. (l969). The Artifacts of Chiapa de Corzo, Chiapas, México. Papers of the New World Archaeological Foundation, 26, l4l.

 Lowe, L. S. (2001). Evidencias arqueológicas del ámbar en el área Maya: Usos y distribución. En Laporte, J. P., Suasnávar, A. C. y Arroyo, B. (Eds.). XIV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2000 (pp. 772-785). Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología.

 ---------- (2004). El ámbar de Chiapas y su distribución en Mesoamérica (pp. 60-67, 74-77). (Vol. 31.). México: UNAM, CEM.

 Pimentel, F. (2008). Relaciones sociales y económicas de la extracción del ámbar de Simojovel, Chiapas, México. (Tesis de Maestría en Ciencias). ECOSUR, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

 Poinar, G. Jr. y Brown, E. A. (2002). Hymenaea mexicana sp. nov. (Leguminosae: Caesalpinioideae) from Mexican amber indicates Old World connections. Botanical Journal of the Linnean Society, 139, 125-132.

 Stirling, N. W. (l943). La Venta's Green Stonte Tigers. National Geographic Magazine, septiembre, 32l-332.